
Al enseñar a un niño a jugar al ajedrez, además de un objetivo concreto, conseguimos un resultado más significativo: el niño desarrolla la capacidad de actuar en el plano mental.
En una partida de ajedrez, se produce una transición natural de las acciones con objetos, las piezas de ajedrez, y su movimiento a las acciones con ideas sobre estos objetos, es decir, en el plano interno.
La habilidad recién formada, como demuestran numerosos estudios, se transfiere a otras áreas de la actividad del niño.
En una partida de ajedrez, se produce una transición natural de las acciones con objetos, las piezas de ajedrez, y su movimiento a las acciones con ideas sobre estos objetos, es decir, en el plano interno.
La habilidad recién formada, como demuestran numerosos estudios, se transfiere a otras áreas de la actividad del niño.